Exégesis MATEO 15:21-28: LA MUJER CANANEA

21Y saliendo Jesús de allí, se fue á las partes de Tiro y de Sidón. 22Y he aquí una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio. 23Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros. 24Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor socórreme. 26Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos. 27Y ella dijo: Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. 28Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora.

Jesús se va de Genesaret, que está en la costa del mar de Galilea, a Tiro y Sidón, que respectivamente están a unos 37 y 75 kilómetros al norte de Galilea en la costa del mar Mediterráneo. Es una larga caminata, y no se nos dice por qué va a esos lugares. Es lo más al norte que Jesús viajaría, y la única vez en este Evangelio que sale del territorio judío/samaritano, excepto para escapar de Herodes cuando era un bebé (2:13-23) y para visitar Gadara (8:28-34).

En este evangelio, esta es una de tres ocasiones en que Jesús sana a gentiles (8:5-13, 28-34). No es muy claro si Jesús efectivamente entró a Tiro y Sidón o simplemente se quedó a las orillas de esa área gentil. Marcos dice que entró a una casa (Marcos 7:24), pero no especifica dónde. Mateo no nos dice por qué va Jesús a esos lugares. Ya antes la multitud había frustrado su búsqueda de unos momentos a solas, pero no parece lógico que busque renovación espiritual en un territorio pagano. Tal vez Dios lo lleva ahí solamente para que nosotros podamos disfrutar la historia de esa extraordinaria mujer cananea llena de fe.

Una mujer cananea “clamaba, diciéndole (griego = ekrazen, gritar, clamar): Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio (griego = kakos daimonizetai,cruelmente o malvadamente poseída por un demonio).” La mujer se dirige a Jesús como “Señor” y como “Hijo de David,” palabras que un judío solamente usaría para el Mesías. Y por ello nos sorprende escuchar tales palabras en los labios de una mujer cananea. Solamente en una ocasión anterior Jesús ha escuchado tales palabras, y éstas venían de sus discípulos (14:33).

• Las palabras de esta mujer contrastan con las de los fariseos y escribas que, apenas hace un momento, criticaban a Jesús por permitir que sus discípulos comieran sin realizar el apropiado ritual de purificación. Esa crítica tenía la intención de exponer la debilidad de Jesús como maestro y de arruinar su reputación. En contraste esta mujer solamente tiene palabras de reverencia y fe.

• La claridad de la visión de la mujer cananea contrasta con la falta de visión de los discípulos (14:13-33).

Al igual que la mujer samaritana, la cananea es sin duda extraña, extranjera y mujer. “Considerando que la gente en la propia nación de Jesús no lo ha percibido como tal, e incluso sus discípulos todavía no hablan de él de manera mesiánica (16:13-20), este título en los labios de una mujer cananea, viviendo en otro país, es de lo más inusual. Pero tal vez el énfasis de Mateo sea ese;… por primera vez de una gentil, de una mujer extranjera, surgió una confesión de fe” (Cradock, 408).

Las palabras de la mujer “[Señor] ten misericordia de mi” (griego = eleeson me kyrie) nos traen a la mente el Kyrie eleison (Señor, ten misericordia) de la misa. Boring hace notar que todas las palabras de esta mujer “son confesiones de fe cristianas que reflejan la liturgia de la iglesia, adaptadas del lenguaje de adoración y oración de los Salmos” (Boring, 336).

Jesús no le responde a la mujer. “A través de todo el evangelio, Jesús inmediatamente le responde a cualquiera que clama a él por misericordia, salvación o sanidad. Su silencio inicial para con la mujer es sorprendente” (Reid, 92).

Los discípulos, ofendidos por los gritos de la mujer, le piden a Jesús que la despida, al igual que antes le habían pedido que despidiera a la multitud (14:15). La mujer se ha dirigido a él como Señor, pero los discípulos fallan para hacer lo mismo cuando le dicen a Jesús que la despida. No es claro si ellos simplemente se quieren deshacer de ella o que se le diera lo que quería para que pudiera dejarlos en paz. Probablemente cualquiera de las dos cosas los haría felices, mientras dejara de molestarlos. A pesar de que Jesús no la despide, les contesta a sus discípulos (no a la mujer): “No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Jesús no puede permitir que se le distraiga pues tiene a toda una nación que salvar. ¡Qué decepcionante! ¡Nosotros queremos que sane a la hija de esa mujer!

Sin embargo, ¡lo peor todavía está por llegar! Ella se arrodilla ante él y le ruega: “¡Señor, socórreme!”. ¡Seguramente que ahora Jesús cederá! ¡Pero no! (¡Y qué difícil es esto para nosotros!). Jesús le dice: “No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos.” ¡Seguramente que esas palabras no salieron de la boca de Jesús! ¡Por favor Dios, que esto no sea así! Pero Jesús dijo las palabras, ¡y ya no se pueden devolver! ¡Estas palabras saliendo de la boca de Jesús suenan como las palabras contaminantes de las que Jesús apenas había hablado hace un momento! “¿Ayuda reconocer que esta es una historia contada desde la perspectiva judía… [El] tema recurrente en la narrativa de Mateo [es] que las buenas nuevas primero son para Israel. Aunque las autoridades religiosas judías repetidamente solo llegan para hacer críticas mordaces, el narrador de este evangelio quiere dejar absolutamente claro que Dios no ha abandonado a los judíos, la fidelidad de Dios a su pacto continúa, y el ministerio de Jesús es, primero que nada, a Israel” (Brueggemann, 449-450).

También es una ayuda recordar que Jesús frecuentemente trata de aminorar la velocidad de la revelación. Esto comenzó al mero inicio de su ministerio cuando su madre le pidió proveer vino para un desafortunado anfitrión. Jesús, en aquella ocasión, le respondió, “Aún no ha venido mi hora” (Juan 2:4). Aunque después se ablandó y salvó el día, Jesús titubeó ya que no fuera a ser que la prematura revelación hiciera peligrar su misión de salvar al mundo. Después también sana a otras personas a quienes les dice que no lo cuenten a nadie; así estaba tratando de conservar su paso. Aunque tenía compasión de la multitud, también tenía una misión que iba más allá de la multitud. Si permite que esta mujer lo presione y lo apure demasiado rápido, el pueblo de Israel, su primera prioridad, lo relegará como a alguien que ama a los gentiles.

Así que la mujer cananea le ruega a Jesús que cruce una frontera que amenaza con descubrirlo. Después de la resurrección, Jesús abre la puerta a los gentiles al dar la Gran Comisión (28:18-20). Hasta ese entonces, él debe dar a los israelitas todas las oportunidades; ¡pero esta mujer cananea está rompiendo su corazón en ese momento! En la encarnación, Jesús tomó sobre sí mismo las tensiones humanas con las que todos nosotros luchamos. Ahora debe escoger entre hacer un bien, mientras le da la espalda a otro. Ese es el problema del ser humano. ¡No podemos tenerlo todo!

Pero la mujer nota que Jesús usa la palabra no para los perros comunes y corrientes (griego = Khon), sino la que se refiere a las mascotas domésticas (griego = kunarios). Las mascotas no son algo de fuera sino interno. No solamente pertenecen a la familia, como el ganado, sino que son parte de la familia, a diferencia del ganado. Así, aunque subordinados a otros miembros de la familia, las mascotas disfrutan de privilegios que se les niegan a otros animales. Aunque no tienen un lugar en la mesa, las mascotas disfrutan la intimidad a los pies de la familia. Al comer, difícilmente la familia puede resistir el placer de tirarle un bocado de comida a la mascota.

¡Esta mujer le hace notar esto a Jesús! “Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores” (v. 27). Casi podemos ver el brillo en sus ojos cuando siente el poder de su comentario. Aunque reconoce el señorío de Jesús y su humilde posición ante él, ella reclama sus justos, aunque modestos, privilegios. Ella no solamente cree que Jesús puede sanar a su hija, ella cree que sanará a su hija. ¡Y está en lo cierto!

Jesús responde de forma exuberante, “Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres.” Después de replicar hábilmente a líderes religiosos hostiles, y después de “regañar” a discípulos que no entienden, ¡Jesús encuentra en esta mujer, llena de fe, un gran gozo! Se deleita al permitirle honrarlo, un contraste verdaderamente notable con los hombres de la alta jerarquía que vez tras vez fallan en hacerlo. “Y fue sana su hija desde aquella hora” (v. 28b). ¡Aleluya! ¡Y ahora nosotros estamos casi tan contentos como él!

La promesa total de este incidente se revelará solamente después de la resurrección. Sin embargo, “el diminutivo ‘perrillos’ es un paso en una dirección de la cual Jesús nunca podrá regresar. Los gentiles ya no están afuera, en las calles; ahora están en la casa. Y en un rato más estarán a la mesa” (Bruner, 553

Mensaje a los damnificados en el atentado de Barcelona

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El Vicáriato Apostólico Hispánico de la Santa Iglesia Celta internacional quiere unirse al dolor de los damnificados en el atentado de Barcelona.
Con el presente nos unimos a las demás confesiones para ofrecer oraciones por los heridos y los fallecidos en este acto tan atroz.

También  condenamos estos actos que han conmocionado a todos los españoles.
Aprovecho para enviar las condolencias de nuestro Primado + Mons. Alistair Bate el cual esta muy conmovido por estos actos barbáricos y se une a nuestras oraciones.
No me queda nada más que decir que quedamos a la disposición de toda persona que necesite de consuelo espiritual pueden ponerse en contacto con nosotros.

+Mons. Bruno Sánchez 

Obispo del Vicáriato Apostólico Hispánico de la HCCI 

Obispo titula de Lincoln

 

Exégesis del capítulo de la transfiguración

transfiguración – Marcos 9:1-13

(Mr 9:1-13) “También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos. Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos. Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús. Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados. Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo. Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos. Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos. Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada? Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.”

¿Cuál era el propósito de la transfiguración?

En el pasaje anterior, Jesús dijo a sus discípulos que se disponía a tomar el camino del sufrimiento y la muerte, como el único medio posible para establecer el reino de Dios en un mundo pecador. También les invitó a seguirle, aunque deberían tener en cuenta que ellos mismos tendrían que perder su vida, si querían salvarla para ese reino. Ahora, en esta nueva ocasión, Jesús compensa la dureza de sus palabras mostrándoles un adelanto de la gloria de su Reino. Al mismo tiempo, el recuerdo de esta manifestación de su majestad, serviría para compensar de alguna manera, el momento en que lo vieran en completa humillación sobre una cruz.
Además, Cristo quería convencerles también de la existencia de otro mundo tan real y auténtico como el que nosotros habitamos. Ellos debían estar plenamente conscientes de que nuestro mundo no es el único que existe. Y no sólo eso, también debían saber que no se trataba de un mundo futuro en relación con el nuestro, sino que es un mundo que existe al mismo tiempo que el nuestro y más allá de él. Y aunque normalmente es invisible para nosotros, el Señor estaba en contacto con los dos. En esta ocasión, Cristo se lo mostró también a ellos, dejándoles claro que el paso del tiempo y el cambio de las cosas, no afectan a ese mundo como al nuestro. Por ejemplo, vemos que Jesús apareció junto a Moisés y Elías. En nuestro mundo, estos dos profetas vivieron en épocas diferentes, separados entre sí por siglos, pero sin embargo, en ese otro mundo están juntos.
Pero había algo más que el Señor pretendía conseguir con esta manifestación de su gloria. Recordemos que en el pasaje anterior, el Señor les había dicho que el reino no había de ser establecido en la tierra hasta su segunda venida, entonces surgía la duda razonable de si ellos mismos podrían llegar a participar en él, o ya habrían muerto para ese momento. En ese caso, ¿qué sentido tendría tomar su cruz, tal como les proponía Jesús, si tal vez nunca llegarían a disfrutar de ese reino? ¿Qué sentido tendría una vida de sufrimiento y abnegación, si cuando llegara el reino prometido, ellos ya estaban muertos? Así que Cristo se proponía fortalecer la fe de sus apóstoles, y también de todos los creyentes de generaciones posteriores, por medio de esta manifestación. Para ello, es interesante que notemos que Jesús no apareció solo, sino que estaba acompañado por Moisés y Elías. Estos dos profetas habían partido de este mundo hacía siglos, uno de ellos porque murió, y el otro porque fue arrebatado al cielo, pero sin embargo, ninguno de los dos había perdido por eso la oportunidad de participar del Reino glorioso de Cristo. Allí estaban los dos acompañando al Señor en su gloria.
Y por último, otra cosa de lo que les convenció la transfiguración, fue de la absoluta certeza de la segunda venida de Cristo. Pedro mismo, en su segunda carta, vuelve a recordar el momento en que estuvieron en el monte de la transfiguración, y cómo esto les convenció de que el Jesús crucificado volvería un día en gloria. Veamos cómo lo expresa: (2 P 1:16-18) “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo”. Por supuesto, Pedro recibió una fuerte impresión al ver el rostro de Cristo transfigurado y su ropa transformada, pero según nos dice, lo que más le impactó, fue la declaración del Padre: “Este es mi Hijo amado, a él oíd”. Recordamos que seis días antes, Pedro había reprendido a Jesús cuando les habló de sus sufrimientos y muerte en Jerusalén. Para él, todo aquello no podía formar parte de los planes de Dios, pero estando en el monte, la voz del Padre fue clara y contundente, mostrando su completa complacencia con la obra que el Hijo estaba llevando a cabo. Esto le llevó a la plena convicción de que lo que Jesús les había anunciado anteriormente, era el plan de Dios para el establecimiento de su reino en esta tierra, y que por lo tanto, Cristo no sólo moriría y resucitaría, sino que también vendría con la gloria y honra de su Padre, que Pedro alcanzó a ver en el monte de la transfiguración.

“Algunos de los que están aquí, no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder”

Mucho se ha debatido a qué se refería Jesús con estas palabras. Para entenderlas correctamente, debemos recordar algunas cosas importantes.
El Reino de Dios no comenzará a existir sólo cuando venga a la tierra. Como ya hemos dicho anteriormente, existe ya en el otro mundo. De hecho, Moisés y Elías ya están “viendo el reino de Dios”.
Es cierto, sin embargo, que mientras que el Reino no venga a este mundo en su manifestación abierta, la manera normal por la que un ser humano puede verlo, es por medio de la muerte, tal como le ocurrió a Moisés, o por ser traspuesto, como Elías.
Por lo tanto, lo que tenía de extraordinario la promesa de Jesús, es que alguien pudiera ver el reino tal como es ahora, antes de que abandone este mundo por medio de la muerte. Notemos cuáles fueron las palabras exactas de Jesús: “Algunos de los que están aquí, no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder”. Es decir, les estaba diciendo que algunos de ellos verían el reino de Dios antes de morir. Y esto fue precisamente lo que ocurrió seis días después cuando Jesús se transfiguró delante de tres de sus discípulos y les aparecieron también Moisés y Elías en la gloria.
¿En qué consistirá el Reino de Dios en poder? Vemos que Cristo se mostrará en toda su gloria y majestad. Y que los creyentes muertos de todas las épocas, resucitarán para reunirse con él en gloria (como Moisés y Elías).
Otros hermanos interpretan este anuncio del Señor como una referencia a su segunda venida, pero eso todavía no ha ocurrido, por lo tanto, ninguno de aquellos discípulos pudieron verlo antes de morir. Otros ven su cumplimiento en la rápida extensión del evangelio por todo el mundo después de la muerte y resurrección del Señor, y esto sí que fue visto por algunos de los apóstoles, pero hay que observar, que tampoco podemos ver en ello las características esenciales del Reino: Jesús glorificado en este mundo y sus discípulos resucitados en gloria con él.

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte”

¿Por qué el Señor escogió sólo a tres de sus discípulos para esta ocasión?
Lo primero que notamos, es que también escogió a estos tres mismos discípulos cuando llevó a cabo la resurrección de la hija de Jairo (Mr 5:35-42), y también cuando se apartó a orar en el huerto de Getsemaní (Mr 14:32-33). Podemos decir por lo tanto, que fueron testigos del glorioso poder de Cristo para resucitar muertos, y también de sus momentos de mayor angustia y dolor. Sin duda, el Señor los estaba preparando para una obra especial.
Pero quizá la razón fundamental por la que escogió a tres discípulos tenía que ver con el carácter “oficial” que quería dar a esta manifestación de su gloria. Para este fin, la ley de Moisés requería dos o tres testigos (Dt 19:15).

“Y se transfiguró delante de ellos”

La transfiguración consistió en manifestar la verdadera naturaleza del Dios-Hombre, retirando el velo que normalmente ocultaba su gloria. Por unos instantes, dejó traslucir aquella majestad y gloria que le eran propias.
Desde este punto de vista, lo realmente milagroso no fue la transfiguración, sino el hecho de velar su gloria durante su ministerio terrenal entre los hombres, para que su obra fuese posible.

“Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús”

La escena se nos presenta con total naturalidad, pero aun así, no deja de sorprendernos: ¡Moisés y Elías hablando con toda confianza con el mismo Hijo de Dios! Esto nos proporciona algo de luz sobre lo que será la comunión celestial con el Señor.
También nos sirve para ver la gloria que Dios tiene reservada para aquellos que le han servido. El apóstol Pablo lo expresó de esta manera: (Col 3:4) “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Y el apóstol Juan también corroboró esta misma verdad: (1 Jn 3:2) “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.
Puede que en este mundo seamos menospreciados, perseguidos y despreciados, pero todo esto cambiará cuando el Señor se manifieste en su gloria. Todos recordamos la cantidad de críticas que recibió Moisés durante su ministerio, o cómo Elías tuvo que permanecer escondido por mucho tiempo huyendo de la impía Jezabel, pero sin embargo, ahora están en la gloria acompañando al Señor.
¿Por qué de todos los personajes del Antiguo Testamento, el Señor escogió a Moisés y Elías para este momento especial?
Por un lado, debemos recordar que la Ley fue dada a Israel por medio de Moisés, y que Elías era un buen representante de los profetas de la antigüedad. Desde este punto de vista, podemos decir que la obra que Cristo se disponía a realizar en la cruz, y que tan poco había agradado a los discípulos cuando se la anunció, era el cumplimiento de todo lo que con anterioridad se había anunciado por la ley y los profetas (Lc 24:25-27).
Pero por otro lado, Moisés y Elías representaban también dos formas diferentes de entrar en el reino de los cielos. Moisés lo hizo por medio de la muerte (Dt 34:5), mientras que Elías fue llevado al cielo sin tener que morir (2 R 2:11). Y en la actualidad, muchos creyentes están entrando en la gloria por medio de la muerte, aunque otros muchos tenemos la esperanza de ser arrebatados por el Señor en su venida y no tener que gustar la muerte (1 Ts 4:16-17).

“Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas”

Es probable que en todo el Nuevo Testamento, no encontremos otra personalidad tan bien caracterizada como la de Pedro. Siempre impulsivo e irreflexivo, dejándose llevar por lo que sentía en cada momento.
Pero si bien es evidente que Pedro no pensó lo que decía, por otro lado, podemos hacernos eco de su alegría y gozo: “¡Qué bueno es estar aquí!”. Todos los creyentes sentimos la misma emoción cuando pensamos en el momento en que por fin estemos con el Señor en su gloria. Nosotros también diremos “¡qué bueno es estar aquí!”, y ninguno deseará moverse de allí.
Pero sin embargo, ese momento todavía no había llegado para los discípulos, y una vez más, manifestaban que no habían entendido la necesidad de la Cruz. Además, en medio de tanta emoción, se había olvidado de los demás discípulos que no estaban con ellos en el monte.

“Vino una nube, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd”

En el Antiguo Testamento la presencia de Dios se relacionaba frecuentemente con una nube. Moisés recibió la Ley sobre un monte que fue cubierto por la nube de la gloria de Dios (Ex 24:12-18). Fue en una nube como Dios vino al Tabernáculo y lo llenó con su gloria (Ex 40:34). Los sacerdotes sabían de la presencia de Dios en el tabernáculo porque se aparecía en una nube sobre él (Lv 16:2). Cuando Salomón llevó el arca al templo que había construido, nuevamente una nube llenó la casa de Jehová (1 R 8:10).
Pero en medio de esta escena tan gloriosa, lo que se subraya es la declaración del Padre: “Este es mi Hijo amado; a él oíd”. Los grandes representantes de la Ley y de los profetas del Antiguo Testamento, habían tenido un ministerio preparatorio que se cumplió con la venida del Hijo. Una vez que Cristo ya estaba presente, todos los hombres debían escucharle a él. Con esto coincide también el autor de Hebreos: (He 1:1-2) “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”. Como alguien ha dicho, las estrellas desaparecen cuando sale el sol: (Mal 4:2) “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia”.
Pero el Padre no sólo estaba anunciando el clímax de su revelación en Cristo, también estaba manifestando su completa aprobación de la Obra que el Hijo se disponía a realizar en la Cruz. Esto tuvo que ser muy importante para los discípulos, que días antes se opusieron a que Cristo tomara ese camino.
Inmediatamente, Moisés y Elías desaparecieron, dejando sólo a Jesús. De alguna manera, tanto el legislador como el profeta, cedían el lugar principal a Cristo, porque a pesar de toda su eminencia, no eran más que hombres. Sólo Cristo podía llevar a cabo la redención del mundo.

“Les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado”

Nuevamente Jesús mandó a sus discípulos que guardasen silencio sobre su transfiguración, de la misma forma que antes les había mandado que no dijesen a nadie que él era el Cristo (Mr 8:29-30). Sin embargo, aquí se matiza que esta prohibición era temporal, y había de durar hasta que “el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos”.
Pero ¿por qué no podían anunciarlo hasta después de la resurrección? Fundamentalmente, porque la muerte y resurrección de Cristo, les darían las claves para entender correctamente su Persona y su Obra en este mundo.

“Discutían qué sería aquello de resucitar de los muertos”

Los discípulos no aceptaban la muerte del Señor, y por lo tanto, tampoco lograban entender lo relacionado con su resurrección. Para ellos era un concepto extraño. Aunque por supuesto creían en la resurrección de los muertos, pensaban en ella en términos generales, como Marta: (Jn 11:24) “la resurrección en el día postrero”.

“¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?”

Pero había otra cosa más que no cuadraba en la mente de los discípulos: los escribas, y la propia Escritura (Mal 4:5), anunciaban la venida del profeta Elías antes del día de Jehová. Ellos acababan de verle en el monte de la transfiguración, pero en lugar de quedarse para preparar la venida del Mesías, había desaparecido junto con Moisés. Además, si Jesús era el Cristo, ¿cómo era entonces que Elías no había venido antes? Así que tal vez, lo que querían preguntar a Jesús era si debían asociar la presencia de Elías en el monte de la transfiguración con el cumplimiento de la profecía.
En su respuesta, Jesús aceptó como correcta la interpretación que los escribas hacían de la Escritura, cuando afirmaban que Elías debía venir primero: “Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas”.
Pero esto trajo nuevas preguntas a las mentes de los discípulos: Si Elías había de restaurar todas las cosas antes de la venida del Mesías, ¿por qué entonces tendría que sufrir y morir? La respuesta de Jesús resulta un tanto ambigua. Por un lado dice que “Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas”, colocando su labor en un tiempo futuro. Pero a continuación dice que “Elías ya vino”, como si se tratara de un hecho ya acontecido. Para entender correctamente la respuesta de Jesús, hemos de recordar que muchas de las profecías del Antiguo Testamento tienen un doble cumplimiento. Según esto, la profecía de Malaquías encontró un cumplimiento anticipado y parcial en la persona y obra de Juan el Bautista, quien vino “con el espíritu y el poder de Elías” para preparar el camino del Mesías (Lc 1:17). Jesús mismo confirmó este punto: (Mt 11:14) “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir”. Y así lo entendieron finalmente los discípulos: (Mt 17:12-13)“Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”. Pero queda todavía su cumplimiento más pleno, y en ese sentido, es probable que debamos identificar a Elías como uno de los testigos cuya obra, bajo el reinado del Anticristo, se describe en (Ap 11:3-13).
Pero aunque Jesús estaba de acuerdo con el hecho de que Elías había de venir primero, sin embargo, no lo estaba en la interpretación que los escribas, y los propios discípulos, hacían de su labor. Para ellos, Elías surgiría en la historia trayendo una victoria arrolladora del cielo que daría el poder a Israel. Pero la realidad era otra muy diferente: “Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él”. Con esto, Jesús se estaba refiriendo al encarcelamiento y muerte de Juan el Bautista a manos de Herodes. Es evidente que todas las ideas y nociones preconcebidas de los discípulos estaban equivocadas. De hecho, Jesús estaba tratando de llevarlos a ver que no sólo el heraldo había sido matado cruelmente, sino que el mismo Mesías había de acabar en una cruz. La muerte de Juan el Bautista, era una muestra de lo que le harían al Hijo del Hombre. Rechazaron al heraldo, acabarían rechazando al Rey.

Preguntas

1. Explique con sus propias palabras cuál era el propósito de la transfiguración.
2. ¿A qué se refería Jesús cuando anunció que algunos de los que estaban allí no verían la muerte hasta que hubieran visto el reino de Dios venido con poder? Razone su respuesta.
3. ¿Qué características del Reino de Dios aprendemos en este pasaje?
4. ¿Por qué cree que Jesús escogió a Moisés y Elías para estar con él en el monte de la transfiguración? ¿Qué aprendemos del hecho de que finalmente desaparecieran dejando a Jesús solo?
5. ¿Cómo se cumple la profecía de Malaquías que decía que Elías había de venir antes que el Mesías preparando su camino?

Explicación Teológica de la parábola del trigo y la cizaña.

Después de la parábola del sembrador, Cristo relató la de la cizaña. Veamos lo que les dijo:

“ Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.

“ Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?

“ Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero” (Mateo 13:24-30).

Esta parábola se parece a la otra en que a nosotros nos corresponde sembrar la semilla, pero ahí termina toda similitud. Cada uno de los otros elementos tiene un significado distinto y nos permiten llegar a una aleccionadora conclusión acerca del campo de Dios y de aquellos que están en él.

La cizaña es una planta que crece generalmente entre los sembrados de trigo, y aunque se parece mucho a éste, no es adecuada para el consumo. De hecho, muchos piensan que la cizaña que se menciona en esta parábola es una maleza tóxica de apariencia muy semejante al trigo.

Mientras crece en medio de las espigas de trigo, la cizaña no se puede distinguir del trigo verdadero. Únicamente cuando se acerca la época de la cosecha y el trigo brota y produce su fruto, es posible diferenciarlo de la maleza.

La explicación de la parábola

Veamos cómo explicó Jesús esta parábola: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

“ Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 13:37-43).

Dios tiene un campo que aquí se define como el mundo entero, y en el cual se lleva a cabo un propósito divino. Dios guía tanto a la historia como a la humanidad hacia un fin que cumplirá su propósito.

Esta parábola nos muestra los dos tipos de obra que se están realizando en el mundo y nos permite entender por qué existe la maldad. Dios siembra buenas semillas que se convierten en hijos de su Reino; Satanás, el maligno, también siembra su descendencia.

Como la cizaña y el trigo se ven iguales, es prácticamente imposible poder diferenciarlos a simple vista. Por esta razón Dios les dice a sus siervos que dejen crecer a ambos hasta que llegue el tiempo de la siega, único momento en el que es posible distinguirlos. En 2 Timoteo 2:19 leemos que “conoce el Señor a los que son suyos”.

¿Son acaso “los hijos del malo” que se encuentran en medio de una comunidad cristiana, personas malas? No. La parábola nos dice que se ven y actúan igual a “los hijos del reino”, es decir, no se les puede diferenciar. Mientras no nos arrepintamos y volvamos a Dios, estamos “siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:2). Satanás influye a través del ánimo y la actitud, y a menos que entendamos esto y resistamos activamente su espíritu malvado, podemos convertirnos involuntariamente en sus agentes.

Satanás es el dios de esta época y mantiene a todos engañados (2 Corintios 4:4; Apocalipsis 12:9). Él puede infiltrarse hasta en los círculos más íntimosdel pueblo de Dios; por lo tanto, las palabras de Jesús en este sentido deben ser consideradas como una verdadera advertencia.

Debemos dejar que Dios siegue su campo

Mis años como pastor me enseñaron a ser paciente con quienes trabajan con uno y a tratar a las personas con compasión, equidad y gentileza. Dios, quien discierne el corazón –algo que yo no siempre pude hacer– espera que hagamos esto. Una de las lecciones claves en esta parábola es que el dueño del campo les ordena a sus siervos no salir a segar las varillas que parecen cizaña, porque es muy peligroso.

Trabajé con muchas personas que mostraban interés en Dios y deseos de vivir correctamente, y aprendí a darles el beneficio de la duda. Cuando las personas cometen algún pecado, se presenta la oportunidad de ayudarlos para que se levanten espiritualmente. Muchos pueden actuar ocasionalmente como cizaña siendo hijos del Reino, y muchos pueden actuar como hijos del Reino siendo cizaña. No siempre me era posible distinguirlos.

Una de las lecciones que aprendí de esta parábola fue dejar que Dios hiciera el trabajo de discernir quienes son o no sus hijos. No solo no era mi tarea, sino que tampoco poseía todas las herramientas para llevarla a cabo. Un trabajador en el campo de Dios tiene que ser un observador atento que cuida como pastor las ovejas de Dios y les enseña la sana doctrina de la Biblia, al mismo tiempo que las supervisa con amor.

Tratar a las personas con justicia y amabilidad siempre rinde buenos resultados. Como ministro puede que haya permitido que algunos problemas duraran más de lo debido, pero creo que es mejor mantener una posición vigilante y actuar únicamente cuando las personas claramente manifiesten motivaciones equivocadas y necesiten ser separadas de los otros miembros.

Al apóstol Pablo aconsejó ser pacientes. Si los siervos del dueño del campo hubieran arrasado los campos destrozando las espigas de trigo junto con las de cizaña, ¿qué tipo de desastre se hubiera creado? El fruto bueno no hubiera podido madurar y germinar. Esto mismo sucede al trabajar el campo espiritual de Dios y atender su Iglesia. En el afán de eliminar la cizaña es posible que se dañe e incluso se destruya el fruto bueno.

Dios tiene su tiempo

Dios dice que se les deje crecer juntos hasta la época de la cosecha, en el fin de los tiempos y al regreso de Jesucristo. En ese momento él distinguirá uno del otro como solo él puede hacerlo.

Cristo dice que cualquiera que ofenda y practique la injusticia será arrojado en el horno de fuego. El juicio va a ser un momento difícil, pero esa es una de las lecciones. Habrá un juicio al mundo, y aquellos que son agentes de Satanás y que han realizado actos deliberados de maldad tendrán que someterse a él.

Al mundo moderno no le gusta escuchar la palabra juicio. Juicio implica que existen normas, leyes y absolutos, tanto morales como éticos. Dios dice que vendrá un tiempo para juzgar la injusticia y la maldad, pero la clave es que este juicio será el juicio de Dios, no del hombre. Esta es una verdad reconfortante y maravillosa, porque Dios juzga con justicia perfecta y lo hará de acuerdo a su plan.

Debemos tomar a Dios y a su obra muy seriamente. En lo personal no quiero ser cizaña — alguien que imita algo verdadero. ¿Usted quiere ser cizaña? El mundo está lleno de buenas intenciones, pero son pocos los que muestran lo que realmente son. En este caso, lo verdadero significa ser un cristiano genuino plantado por Dios en su campo.

No es mi rol ni el suyo determinar quienes son cizaña y quienes son trigo; dejémosle a Dios esa labor. Tal vez el propósito principal de esta parábola sea advertirnos a todos quienes profesamos el cristianismo que debemos examinarnos personalmente para asegurarnos de estar en la fe verdadera, siguiendo las enseñanzas de Cristo y edificando sobre una base sólida.

Jesús comparó a quienes escuchan sus enseñanzas y realmente las ponen en práctica con quienes construyen su casa sobre roca sólida, para poder hacer frente a los vientos y tormentas de la vida que destruyen y hacen naufragar la fe (Mateo 7:24-27). Cristo concluye esta parábola diciendo “El que tiene oídos para oír, oiga”. Es prudente escuchar la enseñanza y dejar que nos guíe con temor cristiano, para adquirir buenos hábitos y vivir una vida sana y llena de fe.

La parábola del sembrador y las cuatro categorías de aquellos que escuchan la Palabra de Dios

Es común, que cuando queremos enfatizar algo lo repetimos mas de una vez. De igual modo, aunque todo lo que hay en la Palabra de Dios es importante, cuando se repite más de una vez, obviamente tiene una importancia especial e igualmente se le debe poner más atención. Uno de esos pasajes repetidos varias veces es la parábola del sembrador. Esta parábola aparece tres veces en cuatro de los resúmenes de la vida de Jesucristo. Por lo cual, sería interesante examinarla y ver qué es eso de importancia especial que Dios quiere ensañarnos.

1. La parábola

La parábola del sembrador se registra en: Mateo 13:1-8, Marcos 4:1-9 y Lucas 8:4-8. Vamos a tomar como punto de partida el registro que viene en Lucas, donde leemos:

Lucas 8:4-8
“Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga.”

El tiempo en que Jesús escogió decir esta parábola no fue accidental. Como el verso 4 dice: “Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían aél, les dijo por parábola...” Jesús dijo está parábola cuando había venido mucha gente a él a escuchar la Palabra de Dios. Como veremos mas adelante, la parábola trata sobre el escuchar la Palabra de Dios. Así que Jesús, diciendo esta parábola, quería poner al tanto de las opciones que tenían a todos aquellos que habían venido a él.

2. “Junto al camino”

Con un vistazo al pasaje anterior vemos que trata de semilla que cayó en diferentes tipos de terreno, el primero de estos fue “junto al camino”. Lucas 8:5 dice:

Lucas 8:5
“El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron.”

Algunas de las semillas que el sembrador sembraba cayeron “JUNTO al camino” y no brotó, ni dio fruto, sino que fue devorada por las aves del cielo.

La explicación de ésta parábola viene en algunos versos mas adelante. En Lucas 8:11-12 dice:

Lucas 8:11-12
“Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven.”

También Mateo 13:39 explica la misma parte:

Mateo 13:19
“Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.”

De acuerdo a los pasaje anteriores, la semilla de la que se habla es LA PALABRA DE DIOS o “la palabra del reino”. Sin embargo, esta Palabra no el el mismo resultado en todas partes, ya que su eficacia depende del terreno donde caiga. Uno de los posibles tipos de terreno es “junto al camino”, el cual, de acuerdo a la interpretación de la parábola, está compuesto por la gente que aunque escuchen la Palabra de Dios “no la entienden”. Lo que se quiere decir con “no la entienden” lo veremos desde el contexto. La palabra griega que se traduce como “entender” en el pasaje anterior es el verbo “suniemi” que se usa 6 veces en Mateo 13, 5 en cuanto a la parábola se refiere. Así que en Mateo 13:13-15 dice:

Mateo 13:13-15
“…. viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden (en griego: suniemi). De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis [en griego: suniemi]; Y viendo veréis, y no percibiréis. PORQUE [esta es al razón por la que no entienden aunque tienen oídos] el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y CON EL CORAZÓN ENTIENDAN [griego suniemi], Y se conviertan, Y yo los sane.”

Mientras que con los oídos se escucha la Palabra de Dios, con el corazón (la parte interior de la mente) se “entiende”. Por eso, no es un simple entendimiento mental de la Palabra de Dios a lo que se refiere la parábola del sembrador. Más bien es un entendimiento, una aceptación de la Palabra de Dios con el corazón, la parte interior de la mente. Es por eso que el resultado de la semilla no depende de la semilla en sí, la Palabra, sino del terreno, el corazón de aquellos que escuchan la Palabra de Dios. La misma semilla al caer en diferentes terrenos, esto es, en corazones de diferente calidad, dan resultados distintos. Cuando el corazón se ha engrosado la semilla de la Palabra de Dios será como si cayera junto al camino. No va a brotar ni mucho menos a dar fruto. Como en 2 de Corintios :3-4 y Efesios 4:17-19 dice:

2 de Corintios 4:3-4
“Pero si nuestro evangelio está aún ENCUBIERTO, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”

También Efesios 4:17-19
“Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el ENTENDIMIENTO ENTENEBRECIDO, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, POR LA DUREZA DE SU CORAZÓN; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.”

Hay gente que tiene el entendimiento “encubierto” y no pueden “entender”, no porque la Palabra sea algo difícil de entender, sino porque sus corazones están engrosados, duros, no permiten que la semilla de la Palabra crezca. En cuanto a la palabra griega traducida como “dureza” en el pasaje anterior de Efesios, es la palabra “porosis” que significa “dureza, insensibilidad”. Es la misma palabra que se usa en Marcos 3:5 que describe el corazón de un grupo característico de gente que tanto persiguió a Jesús: los Fariseos:

Marcos 3:5
“Entonces [Jesucristo], mirándolos [a los Fariseos(ver Marcos 2:24)] alrededor con enojo, entristecido por la dureza [porosis] de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.”

¡Los Fariseos tuvieron al Señor Jesucristo, al Hijo de Dios, frente a ellos! Vieron y escucharon al más grande maestro, al hombre más grandioso que pasó por la faz de la tierra. Y aún así no creyeron en él. ¿La razón? Sus corazones estaban endurecidos, insensibles y de ese modo inapropiados para la recepción y crecimiento de la semilla de la Palabra. No era la semilla, la Palabra, que no era buena, sino la TIERRA, sus corazones que estaban duros.

3. La segunda categoría

Habiendo examinado el primer tipo de terreno en el cual cae la semilla de la Palabra de Dios, vamos a continuar con el segundo. Mateo 13:5-6 nos habla al respecto:

Mateo 13:5-6
“Parte [de la semilla] cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.”

Una semilla puede brotar en diferentes tipos de terreno. Sin embargo, no va a sobrevivir y dar fruto en todos ellos. Uno de los terrenos en el cual la semilla, aunque inicialmente brotará, finalmente no sobrevivirá es en los pedregales. La razón por la que la semilla no puede sobrevivir ahí es porque las piedras no permiten que las raíces profundicen y encuentren humedad. Así que se seca.

Escogiendo el registro de Marcos para la explicación de esta parte de la parábola leemos:

Marcos 4:16-17
“Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, AL MOMENTO la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan.”

Como podemos ver, los pedregales están compuestos de gente que escucha la Palabra, la recibe inmediatamente y de hecho con alegría. Sin embargo, no dura mucho, porque cuando la persecución y la aflicción viene, esa gente, de nuevo inmediatamente, tropieza. Como es obvio, el problema que finalmente causa su caída es que son muy débiles en persecución y aflicción. Así que, cuando el enemigo trae cosas como esas sobre ellos, caen inmediatamente. El tropiezo no es causado porque la aflicción es muy pesada como para que la puedan soportar, porque en 2 de Corintios 4:17, 1 de Corintios 10:12-13 y 1 de Pedro 5:10 dicen que la aflicción será fácil y no más de lo que podamos soportar (1 de Corintios 10:12-13). Sino que es causada porque no están dispuestos a demostrar ni siquiera la más mínima resistencia frente al diablo [caen inmediatamente, tropiezan]. Como en Santiago 4:7 dice:

Santiago 4:7
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”

También en 1 de Pedro 5:8-9 dice:

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.”

Si no resistimos al diablo, no huirá de nosotros. De lo contrario, devorará a aquellos que no lo resisten. A esta categoría de alimento potencial para del diablo pertenece este tipo de gente. Cuando el diablo viene trayendo aflicciones, inmediatamente caen convirtiéndose en fácil alimento para el. Tienen un buen principio pero desafortunadamente un mal final.

4. La tercer categoría

Habiendo considerado las primeras dos categorías de gente que escucha la Palabra, continuaremos con la tercera. Marcos 4:7 dice:

Marcos 4:7
“Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.”

El tercer tipo de terreno en el que la semilla cae es entre los espinos. La semilla que cayó en este terreno se ahogó sin dar fruto. Para entender a lo que se refiere esta parte de la parábola, vamos a Marcos 4:18-19 que dice:

Marcos 4:18-19
“Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”

Desafortunadamente, esta tercer categoría de gente es problemática también. El problema con esta categoría es que la Palabra de Dios es guardada en sus corazones junto con otras cosas como “los afanes de este mundo, el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas”. Estas cosas finalmente actúan como espinas en el crecimiento de la Palabra ahogándola haciéndola infructuosa. Por otro lado, en cuanto a lo que la gente de esta categoría hace, Jesucristo dijo:

Mateo 6:25-34
“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

PRIMERO son las cosas del reino de Dios Y LUEGO todas las demás cosas. Si aplicamos este principio, todas las demás cosas nos serán añadidas. Si no lo aplicamos, sino que ponemos primero en nuestra lista de prioridades como afanes y cosas así, entonces esas cosas ahogarán la Palabra de Dios haciéndola infructuosa.

5. La cuarta categoría

Hasta el momento hemos examinado tres tipos de terreno en el que cae la semilla de la Palabra. Desafortunadamente, ninguno de ellos pudo hacer a la semilla fructífera. Así que el primer terreno, que era “junto al camino” era tan duro que la semilla no pudo brotar. También el otro eran los pedregales, que no permiten que la semilla eche raíz profunda. Finalmente el tercero era los espinos, que ahogan la semilla y la hacen infructuosa. Habiendo visto tres categorías ineficaces, es momento de ver la BUENA tierra, la tierra en la que la semilla de la Palabra cae y lleva fruto. Mateo 13:8 dice:

Mateo 13:8
“Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.”

La explicación viene en Mateo 13:23
“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende [en griego suniemi] la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

Esta vez la semilla no cayó junto al camino, o en los pedregales o entre espinos, sino en BUENA TIERRA, compuesta de gente que escucha la Palabra Y LA ENTIENDE [en griego: suniemi]. Como en Lucas 8:15 lo explica:

Lucas 8:15
“Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con CORAZÓN BUENO Y RECTO RETIENEN la palabra oída, y dan fruto con PERSEVERANCIA.

Como podemos acordarnos, la primer categoría de gente no pudo “entender”, recibir, la Palabra porque sus corazones estaban endurecidos, insensibles. De lo contrario, la gente de esta única fructífera categoría ENTIENDE la Palabra poniéndola en su corazón BUENO y RECTO. Esta categoría fructífera tiene todo los que las otras infructuosas categorías no tienen. En la primera, la gente tenía los corazones endurecidos, aquí las corazones son BUENOS Y RECTOS. También, en la segunda categoría la gente no tiene duración y caen a la primer aflicción, en la buena tierra la gente es perseverante (“dan fruto CON PERSEVERANCIA” como el texto dice) y no se dan por vencidos. Finalmente, aunque en la tercer categoría la Palabra de Dios se ahogó por los diversos afanes y deseos que estaban en primer lugar, en la buena tierra es RETENIDA en los corazones de esa gente, sin perder su posición por culpa de cualquier otra cosa. Esta es la categoría fructífera. La única que lleva fruto. Y como Cristo dijo en Juan 15:

Juan 15:1-2, 4-5, 8, 16
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.”

Dios limpia cada pámpano que lleva fruto para que lleve aún mas. Entre más fruto lleve, Dios se glorifica más.

6. Conclusión

Entonces para concluir. La Palabra de Dios es hablada a varios tipos de gente. Sin embargo, los resultados serán diferentes mientras sea distinta la calidad del corazón de los que escuchan Su Palabra. Unos la van a rechazar, otros a aceptar hasta la primera aflicción, otros la recibirán pero eventualmente no la tendrán como prioridad y pondrán otras cosas primero (afanes, riquezas, otros deseos), y finalmente, otros la mantendrán en un corazón bueno y recto llevando fruto. Es por eso que Jesús, al terminar la interpretación de la parábola dijo: “Mirad, pues, cómo oís” (Lucas 8:18). Porque no se trata solo de oír la Palabra sino de CÓMO la oyes, porque puede que muchos escuchen la Palabra, pero solo aquellos que la escuchan y la retienen en un corazón recto y bueno llevarán fruto. Continuemos todos en esta categoría

Corpus Christi

 

En este post hablaremos de la Fiesta del Corpus Christi.
EXPLICACIÓN
El Corpus Christi (En latín “Cuerpo de Cristo“) es una fiesta establecida por la Iglesia Católica para conmemorar la institución de la Eucaristía por Jesucristo en Jueves Santo, con el fin de realizar a la misma una adoración solemne y pública. La misma suele incluir una procesión en la que la Hostia Consagrada (Ver Presencia Real de Cristo en la Eucaristía) es llevada en una custodia.
Esta fiesta se celebrá el siguiente jueves al octavo domingo después del Domingo de resurrección.
La celebración del Corpus Christi (También llamada Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo o Corpus Domini) proviene del siglo XIII, Cuando Urbano IV la instituyó oficialmente (bula Transiturus) en 8 de septembre de 1.264. Dos acontecimientos contribuyeron especialmente a esta decisión:
Las visiones de Santa Juliana de Mont Cornillon; os pongo un extracto de corazones.org:
Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haberse intensificado por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad. Ella comunicó esta visión a Roberto de Thorete, el entonces obispos de Liège, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV.
El Obispo Roberto se impresionó y decidió establecer un día para esta fiesta. El siguiente papa, el cardenal Pantaleón, por intercesión del obispo de Liège declaró la solemnidad para toda la Iglesia Universal.
El otro acontecimiento que influyó sobre esta situación fue el milagro Eucarístico de Bolsena/Orvieto; durante una misa en esta localidad el padre Pedro de Praga (Que volvía de Roma de una peregrinación a la tumba de San Pedro debido a sus dudas de Fe) celebró una misa en la cripta de Santa Cristina, en Bolsena, cuando en el momento de la Consagración la Hostia Consagrada empezó a sangrar generosamente, manchando el corporal.
Este milagro fue ratificado por el Papa Urbano y contribuyó positivamente a la instauración de la fiesta. Actualmente se pueden contemplar las muestras de sangre en la misma cripta donde tuvo lugar.
En esta fiesta, aparte de la misa, se suelen celebrar procesiones por las calles llevando las Santa Hostia en lugar preferente.
Como detalle os dejo un refrán popular de España: “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión“.
Un abrazo en Cristo.